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lunes, 23 de julio de 2012

Mírala.



Era un día tranquilo, el frío viento soplaba, aun se ven los rayos de sol sobre sus rostros, pero ya se siente el frío de la oscuridad nocturna. Ella había colocado su rostro sobre el marco de la ventana del carro, dejando su cabello bailar con el viento que la velocidad sobre el asfalto traía a ella. Veía como las nubes se movían lentamente, como los arboles encendían y apagaban el brillo del cielo ante sus ojos, esas sombras que formaban sobre su rostro cada vez que pasaban al lado. Escuchaba canciones con melodías felices, de esa felicidad que rasguña la melancolía de su corazon sin liberarla, pero esa melancolía que cuando se unía a su felicidad la hacia sentir reconfortada, libre de cualquier pensamiento, bueno o malo, solo flotaba en ese estado, ese estado en el que permanecía tranquila, una pequeña sonrisa queriendo salir, un profundo suspiro y paz.

El con un brazo sobre el marco de la ventana de su lado y el otro dirigiendo el volante del carro, sin apuro, sin disgusto, sus dedos moviéndose al ritmo de la música que suena en la radio, aquella cancion que escucho un día en el que leía su libro favorito en la montaña; usualmente el tomaba un poco de su tiempo, salia del apartamento, con las llaves en la mano y uno de sus libros favoritos en la otra, encendía el carro, tomando el camino que lo dirigía a su lugar tranquilo, la montaña. Al llegar a uno de los puntos mas altos donde aun había asfalto pero nada de casas ni vidas mas que la de las aves que cantaban y volaban entre los arboles, los pequeños animales que cumplían su rutina diaria en el bosque, buscando su alimento e interactuando con la naturaleza y el hermoso sonido de las hojas cantándole al viento lo delicioso que era y lo hermoso y delicado que se sentía, el se estacionaba en la orilla, apagaba el motor, salia del carro, admiraba unos minutos el paisaje que presenciaba, y subía por la parte delantera de su querido y viejito sedán, para acomodarse sobre el techo cruzando sus piernas, aveces dejándolas colgar de un lado del carro para luego recostar su espalda sobre el resto del techo, viendo así el hermoso cielo que sobre el permanecía, una escena en cámara lenta, luego sacaba el libro que traía ese día y comenzaba a leer, mas bien a viajar, viajar entre tantas letras que llegaban a su corazon, lo sacaban de su cuerpo de un golpe y luego lo devolvían a su lugar.

Mientras sonaba la música y el viento que sonaba al golpear el carro para hacer su presencia en el, ella levanto su cabeza, miro sus pies, colocados en el pequeño espacio de asiento que quedaba de sobra por su delgado y pequeño cuerpo, comprimido en sus rodillas chocando con su pecho y enfoco su mirada en ese rostro concentrado en el camino por delante de ellos y con su fina boca comenzó a crear una de sus particulares conversaciones con el, de esas llenas de preguntas sin sentido y cambios de tema inesperados, entonces le preguntó:

-Dime, hoy veremos las estrellas?

-Tal vez.

-Hoy me quieres?

-Siempre.

-Cuanto tiempo crees que nos queda de vida?

-Porque piensas en eso?

-No se, es una duda que suele aparecer en mi cabeza. Pero... Vives con tiempo?

-A que te refieres?

-Aveces creo que en mi vida no existe el tiempo, las horas pasan rápido y lento, otras veces no pasan...

-Entiendo. Creo que tampoco existe el tiempo en mi vida. No es algo en lo que deseo pensar, o creer.

-Eso mismo es lo que siento yo. Pero dime, hoy me quieres?

-Siempre.

Ella, en su gran felicidad, la que sentía al estar con el, hablaba de su vida, lo que creía y lo que no, lo que quería y lo que no, lo que pensaba comúnmente y lo que alguna vez en su pasado pensó, abría el inmenso mundo que en su cabeza había, sus miedos, frustraciones y tristezas incluidas, todo, absolutamente todo lo decía cada vez que estaba con el, solo a el. Pero tambien estaban esos dias en los que ella no queria decir palabra alguna, su cara no tenia sentimientos, aveces fingia una sonrisa, su mirada ida... dirigida a la nada...

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