Si nos hubiera dado la gana, nos habríamos llevado tan bien. Pero decidimos quedarnos sentados, viendo como el polvo llenaba y quitaba la belleza de un sentimiento que florecía, al cual no alimentaron.
Tan cómodos y acostumbrados, en esos asientos nos quedamos.
La presencia del otro era lo que dibujaba la escena, pero éramos tan sólo imágenes para los dos, sin concepto ni intensión de ser; y no porque no quisiéramos, porque no era lo que más importaba ser.
Y encajábamos bien, no sé si te diste cuenta, pero a como éramos muy parecidos, éramos muy diferentes también.
Pero he ahí el problema, debíamos seguir de la mano, seguir sintiendo igual y sobre lo que hacíamos y decíamos o no con el otro, no tomar decisiones por separado.
Porque era algo entre los dos, no para vos, no para mi, para un futuro nosotros tal vez. El problema es que vos mismo dijiste ser lo contrario alguna vez.
No debe dolerme, me demostraste que así merece ser. Pero lo lograste de la manera mas cruel, y luego un engaño, un juego y puro interés me permitiste ver.
No sé como es tan fácil jugar con las partes mas delicadas de un ser, decir ser consciente de la situación, y continuar haciéndolo, como sigues mintiendo; ya que sigo sin tener poder.
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