Hay demonios que olvidamos y dejamos escondidos en un rincón, los dejamos devorando las migas de oscuridad que solían devorar. Y no nos damos cuenta de que esas migas siguen alimentándolos , ellos siguen creciendo, silenciosamente gigantes.
Por alguna razón, pasamos cerca del rincón y casualmente alguien pasa caminando cerca y nos empuja. La casualidad, burlona, nos hace caer y caer hasta que los brazos de estos demonios nos vuelven a atrapar.
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